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ARTICULO DE FONDO: Cuerpo de Voluntarias y Voluntarios: 35 años de la Misericordia en acción

septiembre 01, 2014

Por la asociada Chloe Van Aken (Nordeste)

ESTE AÑO EL CUERPO DE VOLUNTARIOS DE LA MISERICORDIA (CVM) CONMEMORA 35 AÑOS TRANSFORMANDO VIDAS, PERSPECTIVAS Y EL MUNDO.

¿Cómo señalar este acontecimiento? En forma característica del CVM, ex voluntarias/os se reunieron para servir, siguiendo su tradicional misión de «cultivar la misericordia y justicia en el mundo».

Durante el Mes Nacional de Voluntarios en abril de 2014, ex voluntarias/os organizaron eventos en nueve lugares diferentes del Instituto para servir a las personas más vulnerables, empoderar a niños con recursos educativos, proveer comida para los hambrientos y atender las necesidades de la Tierra. En
total, treintainueve personas se ofrecieron como voluntarias en nombre del CVM en abril, incluyendo a dieciséis ex voluntarias/os y once voluntarias/os actuales.

Eileen Presing (’09) pasó una semana en Jamaica en una experiencia de inmersión para honrar el aniversario del CVM. Eileen, quien es enfermera jubilada, ofreció servicio en cuatro sitios de servicio en las afueras de Kingston, atendiendo a personas de diferentes edades. «Regresé a casa cada día agotada, pero a la vez sintiéndome bendecida por el gozo y el amor que pude palpar y sentir. Mis raíces en la Misericordia fueron nutridas y vivificadas una vez más al compartir el servicio y la espiritualidad», dijo Eileen.

En Chicago, Illinois, ex voluntarios se unieron a dos Hermanas de la Misericordia para limpiar salones para recibir invitados a Nuestra Señora de Tepeyac, una escuela elemental en la parte sur de Chicago, un área de la ciudad conocida por la violencia de las pandillas. La directora, Claudia Méndez, sintió orgullo y esperanza al tener salones atractivos para animar a los padres y empoderar a los futuros estudiantes. «Siento que no hicimos mucho ese día», comentó Jason Downer, S.J. ('03). «Pero como dijo Madre Teresa (y como hemos aprendido durante nuestro tiempo como voluntarios de la Misericordia): ‘No todos podemos hacer grandes cosas. Pero todos podemos hacer cosas pequeñas con gran amor’».

Voluntarios en Alley Pond Park en Queens, Nueva York se unieron a la Iniciativa de Un Millón de Árboles en la Ciudad de Nueva York, para cuidar árboles de solo un año de sembrados. Junto a otros ochenta voluntarios cubrieron la base de cinco mil doscientos pequeños árboles con pajote para ayudarlos a sobrevivir y así crear un ambiente urbano más sustentable. En el Banco de Alimentos en Erie, Pennsylvania, ex voluntarios ayudaron al personal y a otros voluntarios a empacar doscientas cajas de alimento para ancianos de bajo ingreso. Motivados por este día de servicio, estos ex voluntarios ahora
están organizando actividades mensuales para mantener presente su conexión con la Misericordia y con su familia del CVM.

UNA BASE SÓLIDA
La pasión de las antiguas voluntarias/os es testimonio de que el programa está profundamente arraigado en la misión de Catalina McAuley. El Cuerpo de Voluntarios de la Misericordia fue iniciado por las Hermanas de la Misericordia en Merion, Pennsylvania en el 1978 y se convirtió en un ministerio del Instituto de las Hermanas de la Misericordia en el 1992. En los primeros veinticinco años del CVM, el liderazgo extraordinario de las Hermanas Ellen Cavanaugh, Kathleen Lyons y Eileen Campbell del Medio Atlántico fomentó la misión de la Misericordia en los voluntarios en EE.UU. y Guyana. Desde el 2007 la asociada Marian H. Uba (Medio Atlántico) continúa el legado de liderazgo como directora ejecutiva.

Marian conoció a Voluntarios de la Misericordia en el 2004 cuando acompañó a estudiantes universitarios en un programa durante su receso de primavera. «Estuve muy intrigada», dijo Marian, «al ver a estos jóvenes inteligentes y dedicados, o profesionales jubilados dedicando un año de su vida sirviendo a empobrecidos».

Las mujeres y hombres que se hacen Voluntarios de la Misericordia se comprometen a un año de servicio y trabajo en el campo de la educación, el cuidado de la salud o servicios sociales, a la vez que adoptan un estilo de vida sencillo en comunidad y van creciendo espiritualmente. Al vivir en comunidad se espera que ellos apoyen un ambiente de mutuo respeto y estímulo creando también un espacio para compartir la fe. La mayoría de las comunidades de voluntarios del CVM consisten de tres a cinco personas que viven en una casa amueblada sencillamente y con las habitaciones necesarias y espacio adecuado para la vida comunitaria. Reciben un estipendio mensual y juntos toman decisiones sobre los gastos de la casa, las actividades sociales y otros aspectos de la vida en comunidad.

Usualmente los voluntarios se ubican cerca de la gente con quienes van a estar trabajando. Además, se les anima a abrazar toda la realidad del vivir una vida sencilla en solidaridad con las personas empobrecidas y marginadas. La actual dependencia en la tecnología y las redes sociales hacen que este aspecto del programa sea un desafío mayor para las voluntarias/os de hoy día. Pero al desconectarse de los aparatos electrónicos, descubren que se reconectan con algo más esencial: sus valores, su espiritualidad y la situación difícil de aquellos a quienes sirven.

Todas/os las/os voluntarias/os participan en una orientación donde se conocen y se familiarizan con los principios del CVM al igual que con el carisma de las Hermanas de la Misericordia. También asisten a retiros a mediados del año y a reuniones de apoyo cada mes. En la actualidad hay treintaiséis lugares de servicio del CVM ubicados en diez ciudades de EE.UU. y en Georgetown, Guyana. Treintaitrés de estos lugares de servicio incluyen posiciones que califican para el Premio de Educación de AmeriCorps (programa de voluntarios iniciado por el gobierno de EE.UU.), lo que les brinda la oportunidad de obtener ayuda económica para continuar su educación o para pagar préstamos de estudiante. La calidad del programa del CVM se evidencia constantemente al ver como los voluntarios actuales y antiguos dan testimonio del impacto profundo que esta experiencia contracultural ha tenido en sus
vidas. Marian piensa que las voluntarias/os son semejantes a las mujeres que se unieron a Catalina McAuley: «Se separan de su medioambiente, viven en solidaridad con los pobres y entre sí, y lo hacen mirando a través de la lente de la fe».

Al finalizar su año en el programa, los Voluntarios de la Misericordia participan en un retiro de transición donde se les insta a vivir en el espíritu de la misericordia como ex voluntarias/os del CVM. Dan Frank (’10) es ejemplo de un voluntario que toma esto en serio. Como voluntario, Dan enseñó matemáticas en St. Michael’s Indian School en Arizona y dirigió un club de ingeniería de 30 estudiantes. Dan tiene un grado de ingeniería mecánica y ahora continúa estudios para su doctorado en University of Florida. Cada año, Dan regresa a la Nación Navajo. Este año interesó a estudiantes en ciencias, tecnología, ingeniería y matemática, entusiasmándolos en robótica. La atracción principal fue WALL-E, un robot que habla. «Los estudiantes, profesores y padres estaban fascinados», dijo él, y antes de irse dejó establecido un plan para formar varios equipos competitivos de robótica.

EDIFICANDO PARA EL FUTURO
Una vez que se completó el proceso de reimaginar y reconfigurar el Instituto y se establecieron las seis nuevas Comunidades, el CVM también elaboró un plan estratégico para su propio crecimiento, pidiendo tener la presencia del CVM en cada nueva Comunidad para el 2012. Esta estructura ya está funcionando con tres puestos a tiempo completo en la oficina central, ubicada en el recinto de Gwynedd Mercy en Gwynedd Mercy Valley, Pennsylvania y cinco coordinadoras de comunidad, una en cada una de las comunidades en EE.UU. Las coordinadoras manejan hábilmente los elementos del programa:
reclutamiento, relaciones con ex voluntarias/os y programas internacionales y de EE.UU.

Marie Schultz-Sebel (’99) quien ha formado parte del personal del CVM por casi diez años es la coordinadora de la Comunidad Sur Central. «Es un privilegio acompañar a otros que desean ser cambiados al caminar con personas que viven en las márgenes de la sociedad. Mi relación con la comunidad de la Misericordia es uno de los mayores dones en mi vida», dijo ella.

La nueva estructura facilita elaborar estrategias para la sustentabilidad del CVM. Hermana Johanna Burnell (Oeste Medio Oeste), primera directora de desarrollo del CVM, con su pericia y energía, logró realizar gran crecimiento en las áreas de recaudar fondos y elevar el número de «amigos», creando una
comunidad de apoyo para el programa. John Farley (’08) ha seguido sus pasos como primer director de desarrollo a tiempo completo en la oficina central del CVM. Esa misma tecnología y redes sociales de las cuales muchos de los Voluntarios de la Misericordia luchan por desconectarse han ayudado grandemente para asegurar la sustentabilidad del CVM. Por medio de ésta se han reconectado con ex voluntarios/as, se planifican actividades
y se logra mucho más. En el blog del CVM (mercyvolunteercorps.blogspot.com) se publican regularmente relatos de voluntarios sobre sus jornadas transformadoras; también se ha simplificado el sitio web (www.mercyvolunteers.org) para facilitar a visitantes hallar lo que necesitan. Además de mejorar la tecnología, en los últimos diez años el CVM ha aumentado el ámbito del programa en sí, incluyendo más oportunidades para hacer trabajo de justicia y abogacía, basándose en la creencia de que los Voluntarios de la Misericordia no sólo deben servir sino también enfrentarse a las causas principales de las injusticias en nuestro mundo.

Los miembros del CVM frecuentemente colaboran con los esfuerzos de la Misericordia hacia la justicia, alineándose con los Asuntos Críticos de las Hermanas de la Misericordia. Están listos para levantar sus voces en contra de la trata humana, pedir reforma migratoria o a pasar un fin de semana frente a los portones de Fort Benning, Georgia, como parte de la vigilia de la Escuela de las Américas.

El CVM cuenta con novecientos cincuentaiséis ex voluntarios/as. En el 2013 se estableció un grupo de trabajo que elaboró un plan para mantener relaciones con ex voluntarios y como resultado de este esfuerzo ahora está actualizada la información de contacto de quinientos ex voluntarias/os. Treinta y
dos de estos/as son Asociados/as de la Misericordia y diez son Hermanas de la Misericordia o se encuentran en el proceso de discernir su llamada.

Por 35 años el CVM ha estado realizando cambios en el mundo, voluntario por voluntario. Este aniversario es un momento propicio para que el CVM considere el pasado apreciando los muchos logros y bendiciones y que mire hacia el futuro con la expectativa de infinidad de posibilidades. «Necesitamos al CVM porque nuestro mundo clama misericordia», dijo la Hermana Deborah Troillet, enlace del Equipo de Liderazgo del Instituto con el CVM. «Como Hermanas de la Misericordia estamos apasionadas y comprometidas a fortalecer y extender nuestra respuesta a las necesidades críticas de nuestro mundo actual. ¡Estos voluntarios son un don para nuestro mundo—un don para nosotras! Su energía, generosidad y testimonio nos fortalecen a todas y su servicio contribuye a realizar más plenamente las palabras de nuestra Constitución: ‹Al colaborar con otros en obras de misericordia, continuamente
aprendemos de ellos cómo ser más misericordiosas›».

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La Asociada Chloe Van Aken (Nordeste) sirve en la junta directiva del Cuerpo de Voluntarios de la Misericordia y en el consejo asesor de ¡Viva! Mercy. Escríbele a cvanaken@nycap.rr.com.

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