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Estudiantes recaudan fondos, Conciencia por Enfoque de la Misericordia en Haití

julio 15, 2020

Por la Hermana Mary Sullivan

Catalina McAuley creía que «ninguna obra de caridad puede ser más productiva de bien para la sociedad, o más propicia para la felicidad de los pobres que la instrucción cuidadosa de mujeres» (Regla de la Misericordia Original, cap. 2, artículo 5).  Adoptando su convicción, las escuelas secundarias de la Misericordia de las Américas procuran hacer realidad esa misión misericordiosa, como se ve demostrada en la vida de sus graduadas y graduados.

Recientemente experimenté tres ejemplos de esa realidad en tres jóvenes mujeres que se graduaron en junio de 2020 de la Escuela de Nuestra Señora de Misericordia para Jóvenes Mujeres, en Rochester, New York: Ava, Emma, y Natalya.  Déjeme contarle sus historias inspiradoras.

La Escuela de la Misericordia requiere que cada estudiante cumpla con un proyecto final para estudiantes en el último año:  completar un proyecto de lema personal inspirado en el lema de la escuela: «via, veritas, et vita» (la invitación evangélica a seguir el camino, la verdad y la vida de Jesús)—y relacionado directamente con uno de los «asuntos críticos» de las Hermanas de la Misericordia de las Américas:  el cuidado de las mujeres y niños, la promoción de la no violencia y la paz, la protección de la Tierra y su vida creada, inmigración y la abolición del racismo en todas sus formas y efectos.

En el verano de 2019, ofrecí asesorar en 2019-2020 a cualquier estudiante de la Misericordia en el último año que deseara unir su Proyecto Lema al ministerio del Enfoque de la Misericordia en Haití (EMEH) del cual soy miembro.  Ava Clarcq, Emma Magioncalda, y Natalya Denis se pusieron en contacto conmigo, y así comenzaron sus proyectos.

Ava entendió los efectos fortalecedores de una buena educación temprana para niños muy empobrecidos como los del norte de Haití.  Aprendió sobre la Escuela Primaria Jesús y María (Pre K-6) en Gros Morne, administrada por las Religiosas de Jesús y María con quienes colabora el EMEH.  También aprendió sobre el programa Chemin Lavi Miyo (CLM)—«Camino a una vida mejor»—que EMEH financia en el sector Gros Morne de Haití, donde está situada la escuela.

Este programa de 18 meses permite que las familias «de extrema pobreza» (que viven con $1.25 o menos por día) salgan lentamente de su pobreza extrema.  Al completar el programa, la familia tiene una choza de una habitación con un techo de hojalata; todos en la familia tienen comida diaria (en el pasado no lo tenían) y sus hijos se están recuperando de la desnutrición y desean asistir a la escuela.  La matricula anual por niño que se necesite en la Escuela Jesús y María es de $125, pero las familias de CLM apenas pueden pagar $25.

Por lo tanto, Ava decidió que quería unirse a EMEH para recaudar la matrícula adicional de $100 por niño para tantas jóvenes CLM como fuera posible.  Ella patrocinó una noche de cine y tuvo una recaudación adicional de fondos. Al final recaudó $200.00 que donó a EMEH para pagar la matrícula de dos niñas haitianas que asisten a la escuela primaria Jesús y María.  Ella estaba muy feliz con su Proyecto, y yo estaba orgullosa de su compromiso misericordioso y de su logro.

Emma quería ayudar a más familias «de extrema pobreza» dirigidas por mujeres a obtener los beneficios de participar en el programa «camino a una vida mejor» (CLM).  Ella no pudo imaginar la dificultad de que una familia tratara de vivir con $1.25 por día (que es como se defina «de extrema pobreza»), y quería ayudar a que otra pobre mujer haitiana logre autoestima y confianza en sí misma y en el futuro de su familia.

Así que ella patrocinó un maratón de baile para recaudar dinero para el programa «Camino». (¡Afortunadamente, no tuve que bailar!)  Cobró $13.00 a la entrada y recaudó $325. Ella lo contribuyó a EMEH como parte del costo del programa ($2,000) para una mujer haitiana en extrema pobreza y para su familia. Me conmovió la solidaridad misericordiosa de Emma con las mujeres haitianas que experimentan la pobreza extrema de formas que ella nunca ha conocido.

Natalya también quería ayudar, lo mejor que podía, a las familias y los niños que habían participado en el programa CLM («Camino»).  Ella sabía que estos niños pequeños ahora pudieron tener comida todos los días, no solo ocasionalmente, y que ahora estaban ganando fuerza física y querían asistir a la escuela. También sabía que ella había disfrutado el beneficio de una buena educación durante toda la vida, y que de alguna manera quería compartir eso con los niños en Haití.  Por lo tanto, quería recaudar dinero para la matrícula adicional necesaria ($100 o niño) para permitir que tantos niños de CLM como sea posible puedan asistir a la Escuela Primaria en Gros Morne.

El párroco de Natalya dijo que no podía permitirle hacer un llamamiento directo a la gente de su parroquia, incluso con mi promoción, porque había demasiadas otras solicitudes.  Así que Natalya fabricó y vendió pulseras, comenzó una página de Go-Fund-Me, y escribió una apelación directa en el boletín de las/los Asociadas/os de la Misericordia en el área de Rochester.  Al final, recaudó $500, y provocó que otros $2,045 fueran donados directamente al EMEH como resultado de su apelación al boletín.  Su total de $2,545 ahora permitirá que 25 (¡!) niños asistan a la Escuela Primaria Jesús y María en Gros Morne, Haití—niños maravillosos a quienes probablemente nunca conocerá, pero a quienes ya ama.

¡Entonces Catalina McAuley tenía razón!  «Ninguna obra de caridad puede ser más productiva de bien para la sociedad, o más propicia para la felicidad de los pobres que la instrucción cuidadosa de mujeres»—incluidas todas las mujeres jóvenes y hombres jóvenes a quienes las escuelas secundarias de la Misericordia buscan inspirar y guiar en las formas de vida misericordiosa.

A principios de junio de 2020, y debido al distanciamiento social que requiere la pandemia de COVID 19, me uní con cada una de estas jóvenes, ahora enmascaradas, en un estacionamiento cercano y vacío.  Allí cada una me dio su donación ganada con esfuerzo para las mujeres y niños haitianos que ha llegado a amar.  Fue un día soleado en todos los aspectos, ya que traté de agradecerles en nombre del Enfoque de la Misericordia en Haití.

Ava, Emma, y Natalya—tan agradecida como estaba y estoy por su misericordiosa colaboración, son simplemente representativas de los miles de graduadas y graduados de la Misericordia cada año que «lo entienden» y que luego salen a su mundo conscientes de los asuntos críticos de la humanidad y de su propio llamado a la comprensión y acción misericordiosas.

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