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Hermanas de la Misericordia exigen acción contra la violencia armada

agosto 06, 2019

Este fin de semana en Estados Unidos, 31 personas murieron, más de 52 resultaron heridas y las comunidades quedaron destrozadas en dos tiroteos masivos con sólo 13 horas de diferencia. Nuestros corazones se conmueven por las familias de los muertos y heridos en los ataques en El Paso, Texas, y Dayton, Ohio.

Es imposible ignorar los nauseabundos motivos racistas del tirador de El Paso. Esta horrible violencia fue alimentada por la retórica racista, las leyes irresponsables sobre las armas y las políticas deshumanizadoras hacia los inmigrantes. Debemos, como pueblo, nombrarlo, y debemos desafiarlo. Debemos permanecer unidos para condenar la ideología de la supremacía blanca que motivó al tirador y que ha envenenado el alma de nuestra nación. Debemos seguir unidos para condenar el discurso incendiario y odioso pronunciado casi a diario por figuras públicas, incluyendo el discurso del presidente de los Estados Unidos, que no hace más que avivar las llamas de la violencia.

Estamos de acuerdo con aquellos que dicen que necesitamos abordar los problemas de salud mental que llevan a algunos a cometer actos de violencia con armas de fuego. Sin embargo, no debemos ignorar que durante demasiado tiempo las armas diseñadas para la guerra han estado fácilmente accesibles para los civiles. Y que, durante demasiado tiempo, los legisladores han carecido de la voluntad política o el coraje moral para aprobar leyes responsables sobre la seguridad de armas. Casi 40.000 personas serán asesinadas por armas este año en Estados Unidos, un número que eclipsa al de todas las demás naciones industrializadas, muchas de las cuales tienen regulaciones mucho más estrictas en materia de armas. La respuesta es clara: un cambio legislativo que dificulte la compra de armas automáticas y semiautomáticas y de cargadores de gran capacidad salvará vidas. Los legisladores que se han negado, una y otra vez, a tomar cualquier acción en cuanto a las leyes responsables respecto a la seguridad de armas de fuego y a abordar esta trágica amenaza nacional de seguridad pública nos han fallado por completo.

Pero no nos fallemos a nosotros mismos, o a la próxima generación de estadounidenses. En vez de eso, mientras escribimos mensajes que exigen cambios y palabras de esperanza y transformación, levantemos nuestra voz colectiva. Hablemos al unísono por el cambio. Exijamos que, como mínimo, nuestros legisladores promulguen leyes de seguridad de armas como la H.R. 8 una medida bipartidista que exige una estricta verificación de antecedentes para quienes compran armas. Tal medida es abrumadoramente favorecida por votantes de todos los trasfondos políticos y ayudaría a protegernos a todos.

Nosotras, las Hermanas de la Misericordia de las Américas, creemos que todas debemos trabajar activamente hacia una cultura que promueva la paz y la no violencia en lugar de una que glorifique la violencia y el odio. Y así pues, unimos nuestras voces con las de quienes dicen basta a la violencia armada, basta a los actos de odio, basta a la demonización del otro. Demandamos, exigimos, merecemos algo mejor, como nación y como hijos de Dios.

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